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El agua procedente de la red de distribución cumple con las normas de calidad sanitarias establecidas en la Legislación correspondiente, teniendo todas las garantías de potabilidad, lo que no excluye que puedan existir determinados parámetros de calidad mejorables tanto para las personas como para las instalaciones:
LEVE TURBIDEZ. Por la presencia de pequeños sólidos en suspensión que pueden provocar sedimentos y problemas de corrosión en tuberías e instalaciones.
INCRUSTACIONES. Una alta concentración de carbonato cálcico en estado natural (con alto poder de adherencia) provoca depósitos en conducciones e instalaciones.
DESAGRADABLE SABOR Y OLOR. El agua de la red, durante su tratamiento y distribución, habitualmente es sometida a un proceso de cloración que provoca un desagradable solor y sabor al agua de bebida.
CONTAMINACIÓN BACTEOROLÓGICA (muy inusual). Un deficiente tratamiento de cloración, una contaminación localizada en la red de distribución o la presencia de patógenos resistentes al cloro, puede dar lugar a una contaminación bacteriológica del agua de red. |